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domingo, 19 de septiembre de 2010

El radicalismo y el principio de autoridad en Lima

 
Por: Jaime Salinas  

Cuando nos recuerdan su eslogan, nos dicen que son modernos y progresistas y que gobernarán bien nuestra ciudad, pero cuando se distraen, observamos que el principal propósito que persiguen los socios de la señora Villarán es reposicionar a la vieja izquierda, la del Sutep, en el Perú.   

Han creado una alianza con una infinidad de grupos radicales que estaban dispersos en distritos y sindicatos y con ellos pretenden cogobernar temporalmente nuestra Lima hasta que los vientos les sean propicios para hacerse del gobierno nacional. Permitirlo sería no solo peligroso para el desarrollo del Peru, sino también muy irresponsable.

Los grupos radicales de izquierda saben que les es muy difícil, sino imposible, que puedan ganar una elección nacional basándose solo en una alianza coyuntural con cientos de grupos desprestigiados, como el Sutep, que tanto daño y retroceso han ocasionado. Precisamente por esta mala reputación sentida en las organizaciones de base es que en el sector A/B es donde se concentra la fortaleza de la candidatura de Fuerza Social y porque para llegar a la conquista del poder total requieren que su actual socia y aliada principal aproveche la coyuntura y el vacío dejado por el retiro de Kouri y sea elegida como alcaldesa para que desde allí, reagrupados, se lancen a la conquista del poder total y así instalar sus ideas retrógradas, populistas y fracasadas en el país.  

Un gobierno municipal de tantos aliados distintos y con apetitos voraces haría de Lima una ciudad ingobernable, ya que estos grupos radicales son leales a sus líderes locales y no a la señora Villarán y muy pronto comenzarían a reclamar el pago a sus favores políticos. Así que no sería descabellado pensar que Villarán ya comprometió la entrega de colegios municipales al Sutep o los programas sociales a Patria Roja, incluyendo su muy jugosa propuesta del bono de S/. 100 y/o algunos otros a sus socios extremistas. 

Las grandes obras correrían el riesgo de ser paralizadas no por falta de apoyo popular o de inversión privada, sino porque algún grupo u ONG vinculado a la candidata podría reclamar el cumplimiento de consultas populares, licencias ambientales o cualquier otro recurso destinado a alejar las grandes inversiones de Lima, condenando a nuestra ciudad al retroceso. Felizmente los vecinos no somos tontos ni carneros y sabemos distinguir la paja del trigo. Hay que decirle no al retroceso y sí al progreso. Los vecinos merecemos más. 

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